Esta es la forma en que he vivido la aventura de ser maestro y la forma en que identifico con lo expuesto con el autor de esta bella lectura que nos ha tocado analizar.
Confirmo que es cierto lo que el autor propone de entrada. Yo me inicie en la docencia con mucha angustia, nerviosismos, realmente no sabía como empezar la clase. Antes de comenzar nuestras labores docentes, planeamos un curso de inducción al modelo EMSaD para los alumnos, nos apoyo mucho un compañero que tenia experiencia del CONAFE. A mi me tocó arrancar con los alumnos, antes de eso nos presentamos todos y ellos también, enseguida quede solo con el grupo. Mi nerviosismo de esa primera vez era evidente, llegue un momento a pensar ¿Que hago aquí? Esto esta más difícil de lo que pensé. Ni modos de salir corriendo -me dije, por lo que poco a poco fui agarrando confianza. A pesar de tener un hermano maestro de primaria y una hermana en telesecundaria, y de que ellos me indicaron que hacer, no es lo mismo al estar frente a los alumnos, la ansiedad es mucha.
En mi caso yo estudie Agronomía y en ese momento me encontraba frente a 38 alumnos de una comunidad rural que me veían con mucha curiosidad y yo trataba de ser un “maestro”. No se como pero se me ocurrió proponer un juego que a decir verdad lo improvise, no estaba incluido en nuestro plan, de esa forma rompí la tensión, al cabo de un rato comenzó a fluir una nueva amistad que a decir verdad ahora que la veo de lejos me surge una sonrisa de satisfacción y melancolía al recordar aquellos primeros días en mi aventura de ser maestro. A pesar de ello, me sobrara mucho tiempo, sentía que este no avanzaba.
Realmente no se como pero al cabo de dos horas de trabajo y de después de haber realizado una serie de actividades, culmine mi participación. Rápidamente me escabullí fuera del salón que se había improvisado en la Comisaría Ejidal y respire aliviado. Comencé en ese momento un análisis mental de lo que había hecho y me critique a mi mismo.
Con el paso del tiempo fue tomando confianza (lo relaciono con la libertad), pude tomar decisiones, elecciones, ensayar técnicas, evaluarme y pedir a otros su opinión e incluso aplique test a los alumnos de mi labor docente. No sentía miedo de lo que dirían yo realmente quería ser mejor. Ciertamente aprendí por acierto y error.
Comprendo que del proceso nosotros aprendemos algo nuevo en la escuela y coincido plenamente con el autor en lo que respecta a lo de enseñar a los alumnos a comprenderse a si mismo y a su entorno, es decir enseñamos humanidad. Comprendí algo muy importante tu solo nunca podrás romper las barreras y resolver los retos de ser docentes, razón por la cual pedí ayuda a otros.
En muchos casos los alumnos no tienen interés en los contenidos propuestos, eso no debe limitarnos nosotros estamos para dar un servicio y colaborar en la formación de futuros ciudadanos, ya que la razón de nuestras escuelas son nuestros alumnos, por ellos debemos de dar el mejor esfuerzo. Es importante saber escucharlos, respetarlos, ponerse en el lugar de ellos. Al trabajar con jóvenes volvemos a ser jóvenes y nos renovamos de nuevos brios cada día. Aprendí a amar esta profesión una vez que estuve dentro. Que bueno que no tire la toalla cuando vi los bajos aprovechamientos.
Tomo el reto siempre de enganchar a la mayoría y no dejarlos en el camino, esa ha sido una de las decisiones mas importante aunque no siempre fue así, confieso que me costo adecuarme a las circunstancias de ellos. Mi trabajo es activar el amor al “saber”, captar su atención y propiciar preguntas. Así cobra para ellos una vital la importancia el de comprender porque estudiar tal cual contenido. Siempre lo relaciono a la vida diaria. Cuido mucho mi expresión verbal y corporal (nunca hay que herir y destruir los sueños de los alumnos).
La practica me enseño que para ser maestro no basta dominar los contenidos, hay que ser creativo e innovador de ideas que permitan al alumno apropiarse del conocimiento.
Es mejor dialogar y razonar con los alumnos, ellos no son nuestros enemigos ni contrincantes en el partido del “quien puede más”, el salón no es un campo de batalla, es un espacio para superarnos cada día, nos debemos de hacer aliados de los alumnos, celebrando con ellos sus logros y prestar nuestro hombro en sus dificultades o derrotas, sus logros son nuestros logros. En realidad esto es una simbiosis, el maestro no es sin el alumno y el alumno sin el maestro.
Me quedo en la satisfacción enorme que da el de ser maestro y les digo que estoy orgulloso de todos mis compañeros que cada día dan su mejor esfuerzo y han aceptado el reto de mejorar sus practica docente.
Animo compañeros la meta esta más cerca de cuando comenzamos, les invito a compartir conmigo y con todos como ha sido la aventura de ser maestro para ustedes.
Respetuosamente
Juan Cruz García.
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